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Full text of "La Poesía Política"

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LA POESIA POLITICA 


HIDALGO ARAUCHO - ASCASUBI LUSSICH - HERNANDEZ 







LA POESIA POLITICA 


HIDALGO - ARAUCHO * ASCASUBI 
LUSSICH-HERNANDEZ 


Introducción de Angel Rama 




Introducción 


"En primer término: es un verbo poético conjugado en tiempo 
presente” ha dicho L. Ayestarán para definir la poesía gauchesca, apun¬ 
tando al rasgo que debe considerarse consustancial del género porque 
lo tipifica en el momento mismo de su nacimiento. Más estrictamente, 
la gauchesca es una poesía política y revolucionaria producto de la pri¬ 
mera integración del creador con un público popular a cuya conducción 
y al servicio de cuyos intereses sociales se entrega, ofreciéndole la pri¬ 
mera imagen artísticamente válida de su quehacer histórico, o sea si¬ 
tuándolo vivamente como el protagonista y promotor de la historia de 
su tierra. 

También en tiempo presente se conjugaba el verbo poético del 
estilo neoclásico, pero éste fue la expresión de la burguesía mercantil 
en su período revolucionario, tanto en la aprehensión de la naturaleza 
que había de dominar y explotar al servicio del hombre como en el 
arrebato heroico de su lucha contra el coloniaje monopolista. De ahí 
que encontremos el neoclásico al comienzo de la guerra revolucionaria 
y, luego de haber sido devorado por la primacía original de la gauchesca, 
lo volvamos a recuperar, tardía y anacrónicamente, cuando la burguesía 
a través del entreguismo extranjero de la Cisplatina ha logrado embri¬ 
dar a las masas gauchas y someterlas a su orden de explotación que 
definirán los términos de la Constitución de 1830: es Berro, es Acuña 
de Figueroa. 

Entre ambos momentos, y cuando la supervivencia de la revolución 
sólo podía alcanzarse por la incorporación con derechos reconocidos de 
los negros y los gauchos (libertad del esclavo, reparto de tierras), un 
pequeño sector de escritores de la burguesía —los más lúcidos como 
Hidalgo, pero también masivamente los oportunistas— crearán una li¬ 
teratura basada en los materiales del acervo tradicional folklórico, a 
los cuales nacionalizarán bruscamente al reconocer como válida la in¬ 
corporación a la poesía del español corrompido que constituía el fon¬ 
do del habla rural y a los cuales incorporarán, negando así el principio 
conservador y obsecuente del folklorismo, la ideología del iluminismo 
burgués. 

Es una operación artística y política forjada en un nivel cultural 
primitivo, basto y localista, en esas oscuras zonas inferiores donde han 
nacido tantas transformaciones capitales del arte, pero cuya audacia y 
envergadura permitió dotar a las letras de la primera producción ori- 
que conocieron las literaturas del continente americano, con una 


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capacidad estética de sobrevivencia que no consiguieron los productos 
del neoclásico de la época, como ya fuera reconocido por Menéndez y 

Pelayo. 

La explicación es simple: la burguesía mercantil ofrecía soluciones 
positivas y miméticas; remedo de modelos europeos que le aseguraban 
su triunfo en ese momento histórico; aplicación de concepciones polí¬ 
ticas, económicas, sociales y también estéticas que habían sido generadas 
en Europa desde el perspectivismo universalista que convenía y se im¬ 
ponía a sus originarios creadores pero al servicio de sus intereses es¬ 
pecíficos y locales. Las sucursales americanas de ese movimiento se 
limitaban a ser sus ejecutores y las ventajas inmediatas que obtenían 
con el libre comercio, el discurso sobre la desigualdad de Rousseau, 
los textos de Thomas Payne y las odas de Quintana, encubrían los 
perjuicios que provocaría una larga situación de dependencia, una ser¬ 
vicial copia del arte y la economía pretendidamente universalistas e 
igualitarios de la burguesía europea. 

La posibilidad de una respuesta paralela, equivalente, pero aten¬ 
diendo a los intereses locales de las regiones americanas, quedó apuntada 
en la política agraria de Artigas y en la irrupción de la poesía gau¬ 
chesca, puesto que ella establece la conexión del racionalismo humanista 
del Siglo de las Luces con la totalidad de la población y su derecho a 
expresarse y vivir plenamente, consustanciada con la realidad concreta 
de la que forma parte. La base ideológica de la poesía de Hidalgo 
recoge de modo espontáneo el igualitarismo rousseauniano en lo que 
tenía de más avisor y un laicismo humanista que se había formado 
entre aquellos hombres que, como señalaba un texto clarificador de 
la justicia colonial, reconocían como única ley su conciencia. Por eso 
asume como filosofía el "humanismo” de larga y lenta elaboración en 
las culturas europeas, aceptando lúcidamente sus últimas consecuencias 
en lo que tienen de incorporación de todos los hombres al estado de 
derecho que instauran por libre consentimiento contractual: "Cielito cielo 
que sí, / es inmutable verdad / que todo se desconcierta / faltando 
la humanidad " Las limitaciones de este humanismo son mera resultante 
del nivel de desarrollo de las fuerzas de producción, pero interpreta 
cabalmente el estado a que ha llegado la sociedad y las soluciones más 
efectivas del momento. No era llegada la época de los socialismos. 

Para lograr esta claridad interpretativa, más que a los libros, ha 
consultado la experiencia concreta de los hombres, hallando su entrada 
al arte por el camino más legítimo: el habla, que despliega el universo 
lingüístico donde los hombres fuerzan la contigüidad y la comunidad 
en que existen para re-crearse como visión colectiva, no individual so¬ 
lamente, y a la vez racionalizar vitalmente una estructura del mundo 
donde se justifique acción y existencia (que es la misma cosa) de cada 
uno de ellos y de todos juntos. El punto de fusión de ese entronque 
colectivo era y es la política. Por eso al asumir su universo lingüístico, 
obviamente oral y cargado de tradiciones artísticas ya integradas, viven- 
ciadas, por la comunidad, el poeta debió asumir también el reclamo 
político. 

Este camino tenía variados antecedentes: la "Relación exacta de 
lo que ha sucedido en la expedición a Buenos Aires que escribe un Sar¬ 
gento de la comitiva en este año de 1778” ha sido incorporada correc¬ 
tamente por Lauro Ayestarán a la primitiva poesía gauchesca cel Uru¬ 
guay, y no sólo por la referencia a las costumbres campesinas y los 


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anticipos estilísticos de la posterior gauchesca, como apunta el recopi- 
lador, sino también por la elaboración de un tema presente de indu¬ 
dable implicancia política, desde el ángulo de los intereses hispano- 
locales (aquí coaligados) de la tropa de Cevallos. Está en la línea 
de los poemas burlescos que Acuña de Figueroa registró en su Diario 
del Sitio y que aunque atribuidos a Hidalgo son, como la décima de 
Valdenegro, manifestación espontánea del uso de la poesía como sis¬ 
tema de provocación y de comunicación política. En uno y otros emerge 
un elemento desconocido por la literatura neoclásica y que sólo había 
rozado textos como la crónica romanceada de Pantaleón Rivarola 
(1807): el uso de un “nosotros” que el poeta adopta para hablar de 
él, personalmente. Estamos, desde luego, ante creaciones individuales, 
obra de hombres que no nos han dejado sus nombres, sino sus obras, 
pero el matiz individual de la voz que canta se confunde aquí con el 
manejo de una coparticipación emocional que es decretada por las for¬ 
mas lingüísticas adoptadas. Este subrepticio “nosotros” es el escalón 
inicial para las posteriores formas insolentes de la gauchesca donde se 
despliega la arrogancia del hombre que ha pisado al fin la escena his¬ 
tórica y se descubre como la fuerza operante. Su desplante, su humo¬ 
rismo rápido, su revaloración positiva del trabajo propio, de sus ha¬ 
bilidades y de su valor, que se verán en los cielitos atribuidos a Hidalgo 
y, velados de melancolía, en sus diálogos, responden al muy reciente 
descubrimiento del “nosotros, los mozos amargos” cuya liga se probó 
en la revolución. Percibir ese tono es importante porque es poco du¬ 
radero y sólo marca el epicentro revolucionario. No se lo verá más en 
la literatura nacional. 

Ya se diluye en el Cielito del Blandengue retirado, cuya elabora¬ 
ción artística lo aproxima a los mejores momentos de Hidalgo, pero 
donde comienza a apuntarse el régimen del soliloquio que dominará 
mucha poesía posterior y que sólo alternará con el régimen del dis¬ 
curso o canto individual destinado a los demás que tiene su forma 
perfecta en el Martín Fierro de José Hernández. Exactamente señala 
Martínez Estrada que aquí se agota el género: con Lussich y Hernán¬ 
dez se cierra el gran período de la poesía gauchesca política. No porque 
no siga cultivándose sino porque comenzarán a ser endechas o lamen¬ 
taciones individuales, testimonio de que se ha roto el sistema comu¬ 
nitario de los orígenes y que por lo tanto se ha impuesto también aquí 
en el Río de la Plata la fragmentación individualista que ha aportado 
el liberalismo económico y que ha de triturar por doquier la esperanza 
de una comunidad humana, abroquelando a sus partes integrantes en 
el individualismo, esporádicamente en la pareja, voluntariamente en la 
familia. 

Ese Cielito del Blandengue que se abre con el “no me vengan”, 
a mí, exclusivamente a mí, es el primer gran fracaso de la desunión, 
no voluntaria, sino forzada. En la misma época lo corrobora Hidalgo: 
"¿Quién nos mojaría la oreja / si uniéramos nuestros brazos?” para 
luego resumir los fatales resultados a diez años de la revolución: t( ro¬ 
barnos unos a otros, / aumentar la desunión, / querer todos gobernar, / 
y de facción en facción / andar sin saber que andamos”. Es lógico que 
en esta gran decepción caiga todo, incluyendo Artigas y los héroes de 
las montoneras patrias. En el campo de las formas artísticas se genera 
un "ersatz” de comunidad a través del diálogo que une a dos o tres 
amigos. Es nuevamente Hidalgo el creador y su modelo tendrá la más 


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larga sobrevivencia, llegando hasta el comienzo del XX: los ami¬ 
gos, los compadres, ¡os compañeros, intercambian sus cuitas y razones, 
se consuelan y alientan, pero en definitiva están solos, desligados del 
común. Si esto ocurre en las formas, algo paralelo se registra en los 
temas: de ser actores de los sucesos históricos pasarán a ser testigos, 
contempladores de espectáculos. Todavía en 1822 serán las fiestas ma¬ 
yas de Buenos Aires que rememoran la gran esperanza revolucionaria, 
pero pronto serán los pequeños problemas de la vida cuando el gaucho 
visita la ciudad (es el caso de Manuel Araúcho con su Diálogo de dos 
gauchos, Trejo y Lucero ), luego las noticias de una guerra que no 
parecen hacer, en Ascasubi; por último la infausta contemplación de 
un espectáculo operístico en el teatro Colón, en la obra de Estanislao 
del Campo. La nueva forma, los nuevos temas concomitantes, acarrea¬ 
rán por un largo período materiales políticos y sociales, tendrán una 
explosividad que los hará inaceptables para los conductores del país y 
por lo tanto artísticamente reprobables a los ojos de sus obsecuentes 
críticos. Desde el Fausto criollo comenzarán a aceptar el producto: 
es comprensible. 

Al mismo tiempo la espontaneidad creativa de esta poesía política 
deja paso a su aprovechamiento calculado. El poeta no se consustan¬ 
cia con su público sino que aprovecha el sistema para adoctrinarlo 
en orientaciones políticas que pueden ser ajenas, incluso contrarias, a 
los intereses del gauchaje. El poeta no sirve a su público sino a las élites 
que él integra o que lo dirigen y financian. Es el momento en que se 
ve ramificarse la poesía gauchesca política y comenzar a servir a las 
distintas facciones, a las opuestas ideologías, a los bandos y credos ene¬ 
migos, por igual. Esto se hace notorio en la Banda Oriental bajo el 
dominio portugués: la producción poética puede defender los propó¬ 
sitos del patriciado nacional, en el Cielito del Día, como puede hacer 
el elogio de la paz importada por el Imperio, en el Diálogo contra las 
invectivas de los disidentes de Montevideo y enemigos del sistema im¬ 
perial que ha adoptado esta provincia cisplatina . Ese es el panorama 
presente al "blandengue retirado" cuando escribe sus rabiosos versos 
desilusionados. 

Dentro del mismo espíritu debe colocarse la nutrida producción 
de Hilario Ascasubi, al margen de sus méritos y de la convicción que 
el autor ponía en ella. Como anota en el acápite de la Media caña del 
campo para los libres, su admirable, cimbreante, jocundo poema, es obra 
de encargo, "exigido" por un poeta neoclásico, Florencio Varela, y su 
edición financiada como un elemento de la guerra contra Rosas. De 
igual modo se comportaban en el campo adversario: se encargaban y 
editaban poemas contra Rivera y contra el gobierno de la Defensa. La 
poesía es ahora digitada y orientada por las fuerzas en lucha como un 
instrumento para caldear los ánimos militares, desalentar al enemigo, 
sembrar desconfianza en su retaguardia, vencerlo psicológicamente. Co¬ 
mienza a responder a los grupos dirigentes, y en verdad así no lo perci¬ 
bieron quienes padecieron de este manejo. 

Cuando lo reconozcan ya será tarde: habrán sido vencidos. Antonio 
Lussich y José Hernández entonarán el responso funeral, todavía ar¬ 
diente, ganoso de pelea y secretamente consciente del fracaso padecido. 
La comunidad a esa altura estará parsimoniosamente dividida entre las 
facciones, cada una de las cuales dispondrá de equipos dirigentes en¬ 
cargados de sostener el dominio establecido. A los codiciosos de aquel 


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viejo tiempo de la unidad revolucionaria sólo les quedará la posibilidad 
de la rememoración patriótica. A ella pertenece el único texto gau¬ 
chesco que José Hernández escribiera, fuera de las dos partes de su 
genial poema, y que es una Carta que el gaucho Martín Fierro dirige a 
su amigo don Juan Manuel Blañes con motivo de su cuadro Los Treinta 
y Tres en el año 1878. Cosa parecida hará E. Acevedo Díaz al encarar 
el ambicioso plan de su tetralogía narrativa. Se trata de evocar, ahora; 
ya el verbo poético no se conjuga en tiempo presente, sino en un 
añorante tiempo pasado. La poesía política gaucha recorrió así, desde 
los Poetas del Sitio hasta Lussich y Hernández el ciclo histórico de 
una clase social que hizo la revolución y fue luego desalojada del 
poder que había conquistado. 


Angel Rama 




Los poetas del sitio 


l-v as composiciones siguientes, algunas atribuidas, sin mayor 
seguridad, a Bartolomé Hidalgo, tueron transcritas por Francisco 
Acuña de Figueroa en su Diario histórico del sitio de Montevi¬ 
deo, recogidas en las murallas de la ciudad: “solían los sitia¬ 
dores acercarse a las murallas, tendidos detrás de la contraes¬ 
carpa, a gritar improperios o a cantar versos". 


I 


II 


Los chanchos que Vigodet 
ha encerrado en su chiquero 
marchan al son de la gaita 
echando al hombro un fungeiro. 

Cielito de los galleg&s, 

¡ay!, cielito del dios Baco, 
que salgan al campo limpio 
y verán lo que es tabaco. 

Vigodet en su corral 
se encerró con sus gallegos 
y temiendo que lo pialen 
se anda haciendo el chancho 
{rengo, 

Cielo de los mancarrones, 

¡ay! t cielo de los potrillos, 
ya brincarán cuando sientan 
las espuelas y el lomillo. 


Los víveres que los godos 
cayeron con su goleta, 
pero ahi le mandamos bombas 
en lugar de la galleta. 

Cíelo de las vanidades, 

¡ay! cielo de su tormento, 
de comer tantos porotos 
están muy llenos de viento. 

III 

No hay miedo, pues los macetas 
no han de atropellar el cerco; 
que Artigas anda a las yeguas 
y dejó a los potros dentro. 

Cielito de los reyunos, 

¡ay! cielo de los porteños, 
que al decir: ¡Viva la patria! 
se ca. . . en los gallegos. 



IV 


Places, sarnoso: y ir lites 
los godos encorralados, 
har. perdido el pao el queso 
por ser desconsiderados. 


Cielo de los orgullosos, 
cielo de Montevideo, 
piensan librarse del sitio 
y se hallan con el bloqueo. 


Bartolomé Hidalgo 

Cielito patriótico 

que compuso un gaucho para cantar 
la acción de Maipú, 


No me neguéis este día ‘ 
cuerditas vuestro favor, 
y contaré en el Cielito 
de Maipú la grande acción. 

Cielo, cielito que sí, 
cielito de Chacabuco, 
si Marcó perdió el envite 
Osorio no ganó el truco. 

En el paraje mentado 
que llaman Cancha Rayada, 
el general San Martín 
llegó con la grande armada. 

Cielito, cielo que sí, 
era la gente lucida, 
y todos mozos amargos 
para hacer una embestida. 

Lo saben los enemigos 
y al grito ya se vinieron 
y sin poder evitarlo 
nuestro campo sorprendieron. 

Cielito, cielo que sí, 
cielito del almidón, 
no te aflijas godo viejo 
que ya te darán jabón. 

De noche abamaron ellos 
y allá tuvieron sus tratos; 
compraron barato, es cierto, 
¡qué malo es comprar barato! 

Cielito, cielo que sí, 
le dijo el sapo a la rana, 
cantá esta noche a tu gusto 
y nos veremos mañana. 

Se reúnen los dispersos 
y marchan las divisiones 
y ya andaban los paisanos 
con muy malas intenciones. 


Allá va cielo y más cielo, 
cielito de la cadena, 
para disfrutar placeres 
es preciso sentir penas . 

Pero ¡bien ayga los indios! 
ni por diablo aflojaron, 
Mueran todos los gallegos, 
Viva la Patria, gritaron. 

Cielito digo que no, 
no embrome amigo Fernando, 
si la patria ha de ser libre 
para que anda reculando. 

Al fin el cmco de abril 
se vieron las dos armadas 
en el arroyo Maipú, 
que hace como una quebrada. 

Cielito, cielo que no, 
cielito, digo que sí, 
párese mi don Osorio 
que allá va ya San Martín. 

Empiezan a menear bala 
los godos con los cañones, 
y al humo ya se metieron 
todos nuestros batallones. 

Cielito, cielo que sí, 
cielo de la madriguera, 
cuanto el godo pestañó 
quedó como tapadera. 

Peleó con mucho coraje 
la soldadesca de España. 
Habían sido guapos viejos 
pero no por la mañana. 

Cielito, cielo que sí, 
la sangre amigo corría 
a juntarse con el agua 
que del arroyo salía. 


250 


Cargaron nuestros soldados 
y pelaron los latones, 
y todo lo que cargaron 
flaquearon los guapetones. 

Cielito, cielo de flores, 
los de lanza atropellaron; 
pero del caballo, amigo, 
limpitos me los sacaron. 

Osorio salió matando 
al concluirse la contienda, 
sin saber hasta el presente 
dónde fue a tirar la rienda. 

Cielito, cielo que sí, 
cielito de los reveses; 
nos ganaron el albur 
y perdieron los entreses. 

Godos como infierno, amigo, 
en ese día murieron, 
porque el patriota es temible 
en gritando al entrevero. 

Cielo, cielito que sí, 
hubo tajos que era risa, 
a uno el lomo le pusieron 
como pliegues de camisa . 

Quedó el campo enteramente 
por nuestros americanos, 
y Chile Ubre quedó 
para siempre de tiranos. 

Cielito, cielo que sí, 
por ser el godo tan terco, 
se ha quedado el infeliz 
como avestruz contra el cerco. 

Hubo muchos prisioneros 
de resultas del combate, 
y según todas las senas 
no les habían dado mate. 

Cielito, cielo que sí, 
americanos, unión, 


A la venida de 

El que en la acción de Maipú 
supo el cielito cantar, 
ahora que viene la armada 
el tiple vuelve a tomar. 

Cielito, cielo que sí, 
eche un trago amigo Andrés 
para componer el pecho, 
v después le cantaré. 


y díganle al rey Fernando 
que mande otra expedición. 

Ya, españoles, se acabó 
el tiempo de un tal Pizarro, 
ahora como se descuiden 
les ha de apretar el carro. 


Cielito, cielo que sí, 
cielito del disimulo, 
de balde tiran la taba 



Ya puede el virrey de Lima 
echar su banda en remojo, 
si quiere librar el cuero 
vaya largando el abrojo. 

Cielito, cielo que sí, 
largue el mono, no sea primo, 
porque cuanto se resista 
ya quedó como racimo. 

Viva nuestra libertad 
y el general San Martín, 
y publíquelo la fama 
con su sonoro clarín. 

Cielito, cielo que sí, 
de Maipú la competencia 
consolidó para siempre 
nuestra augusta independencia. 

Viva el gobierno presente, 
que por su constancia y celo 
ha hecho florecer la causa 
de nuestro nativo suelo. 

Cielito, cielo que sí, 
vivan las autoridades, 
y también que viva yo 
para cantar las verdades. 

Nota. — Publicado en papel 
impreso anónimo y sin fecha, en 
Buenos Aires, atribuido por la 
crítica a Bartolomé Hidalgo. 


la expedición 

La Patria viene a quitarnos 
la expedición española. 

Cuando guste Don Fernando 
agarreld. .. por la cola. 

Cielito, digo que sí, 
coraje y latón en mano, 
y entreverarnos al grito 
hasta sacarles el guano. 



El conde de no sé qué 
dicen que manda la armada. 
Mozo mal intencionado 
y con casaca bordada. 

Cielito, cielo que sí, 
cielito de los dragones, 
ya lo verás conde viejo 
si te valen los galones. 

Ellos traen caballería 
del bigote retorcido; 
pero vendrá contra el suelo 
cuando demos un silbido. 

Cielito, cielo que sí, 
son jinetes con exceso, 
pero en levantando el poncho 
salieron por el pescuezo. 

Con mate los convidamos 
allá en la acción de Maipú, 
pero en esta me parece 
que han de comer caracú. 

Cielito, cielo que sí, 
echen la barba en remojo, 
porque según olfateo 
no han de pitar del muy flojo 

Ellos dirían: “Viva el Rey”, 
nosotros, “La Independencia”', 
y quienes son más cojudos 
ya lo dirá la experiencia. 

Cielito, cielo que sí, 
cielito del Terutero, 
el godo que escape vivo 
quedará como un amero. 

En teniendo un buen fusil, 
munición y chiripá, 
y una vaca medio en carnes 
ni cuidado se nos da. 

Cielito, digo que sí, 
cielo de nuestros derechos, 
hay gaucho que anda caliente 
por tirarse cuatro al pecho. 

Dicen que esclavas harán 
a nuestras americanas, 
para que lleven la alfombra 
a los señores de España. 

Cielito, cielo que sí, 
la cosa no es muy liviana. 


Apártese amigo Juan, 
deje pasar esas ranas. 

No queremos españoles 
que nos vengan a mandar, 
tenemos americanos 
que nos sepan gobernar. 

Cielito, cielo que sí, 
aquí no se les afloja, 
y entre las bolas y el lazo 
amigo Temando escoja. 

Aquí no hay cetro y coronas 
ni tampoco Inquisición, 
hay puros mozos amargos 
contra tpda expedición. 

Cielito, cielo que sí, 

Unión y ya nos entramos, 
y golpeándonos la boca 
apagando los sacamos. 

Saquen del trono, españoles, 
a un rey tan bruto y tan flojo 
y para que se entretenga 
que vaya a plantar abrojos. 

Cielito, cielo que sí, 
por él habéis trabajado 
y grillos, afrenta y muerte 
es el premio que os ha dado. 

Si de paz queréis venir, 
amigos aquí hallaréis, 
y comiendo carne gorda 
con nosotros viviréis. 

Cielito, cielo que sí, 

el rey es hombre cualquiera, 

y morir para que él viva, 

¡la puta. . .! es una zoncera. 

Si perdiésemos la acción, 
ya sabemos nuestra suerte, 
y pues juramos ser libres 
o Libertad ó la Muerte. 

Cielito, cielo que sí, 
a ellos y cerrar la espuela, 
y al godo que se equivoque 
sumírselo basta las muelas. 

Nota. — Publicado en hoja 
suelta, anónima, en 1819 en Bue¬ 
nos Aires. Leguizamón se lo ad¬ 
judica a B. Hidalgo. 


Cielito del gaucho de la 
Guardia del Monte 

Un gaucho de la Guardia del Monte contesta al manifiesto de 
Femando VII, y saluda al conde de Casa-Flores con el siguiente 
cielito, escrito en su idioma. 


Y ya que encerré la tropilla, 
y que recogí el rodeo, 
voy a templar la guitarra 
para explicar mi deseo. 

Cielito, cielo que sí, 
mi asunto es un poco largo; 
para algunos será alegre, 
y para otros será amargo. 

El otro día un amigo, 
hombre de letras por cierto, 
del rey Fernando a nosotros 
me leyó un gran manifiesto. 

Cielo, cielito que sí, 
este rey es medio sonso, 
y en lugar de D. Fernando 
Debiera llamarse Alonso . 

Ahora que él ha conocido, 
que tenemos disensiones, 
haciendo cuerpo de gato 
se viene por los rincones. 

Cielito, cielo que sí, 
guarde amigo el papelón, 
y por nuestra independencia 
ponga una iluminación. 

Dice en él que es nuestro padre 
y que lo reconozcamos; 
que nos mantendrá en su gracia 
siempre que nos sometamos. 

Cielito digo que sí, 
ya no largamos el mono, 
no digo a Fernando el VII, 
pero ni tampoco al nono. 

Después que por todas partes 
lo sacamos apagando 
ahora el rey con mucho modo 
de humilde la viene echando. 

Cielo, cielito que sí; 
ya se le murió el potrillo 
y si no que se lo digan 
Osorio, Marco y Morillo. 

Quien anda en estos maquines 
es un conde Casa-Flores, 
a quien ya mis compatriotas 
le han escrito mil primores. 


Cielito digo que no, 
siempre escoge D. Fernando 
para esta clase de asuntos 
hombres que andan 
[deletreando. 

El conde cree que ya es suyo 
nuestro Río de la Plata; 
j Cómo se conoce amigo 
que no sabe con quien trata! 

Allá va cielo, y más cielo, 
delito de Casa - Flores, 

Dios nos librará de plata 
pero nunca de pintores. 

Los que el yugo sacudieron 
Y libertad proclamaron, 
de un rey que vive tan lejos 
lueguito ya se olvidaron. 

Allá va cielo, y más cielo, 
libertad, muera el tirano, 
o reconocemos libres, 
o adiosito y sable en mano. 

¿Y qué esperanzas tendremos 
en un rey que es tan ingrato 
que tiene en el corazón 
uñas lo mismo que el gato? 

Cielito, cielo que sí, 
el muchacho es tan clemente, 
que a sus mejores vasallos 
se los merendó en caliente. 

En política es el diablo, 
vivo sin comparación, 
y el reino que le confiaron 
se lo largó a Napoleón. 

Cielito, digo que sí, 
hoy se acostó con corona, 
y cuando se recordó 
se halló sin ella en Bayona. 

Para la guerra es terrible, 
balas nunca oyó sonar, 
ni sabe que es entrevero, 
ni sangre vio colorear. 

Cielito, cielo que sí, 
cielito de la herradura, 
para candil semejante 
mejor es dormir a obscuras. 


253 



Lo lindo es que al fin nos grita, 
y nos ronca con enojo 
si fuese algún guapo... vaya: 
¡Pero que nos grite un floxo! 

Cielito, digo que sí, 
venga a poner su contienda, 
y verá si se descuida 
donde va a tirar la rienda. 

Eso que los reyes son 
imagen del Ser divino, 
es (con perdón de la gente) 
el más grande desatino. 

Cielito, cielo que sí, 
el evangelio, yo escribo, 
y quien tenga desconfianza 
venga le daré recibo. 

De estas imágenes una 
fue Nerón que mandó a Roma, 
y mejor que él es un toro 
cuando se para en la loma. 

Cielito, cielo que sí, 
no se necesitan reyes 
para gobernar los hombres 
si no benéficas leyes. 

Libre y muy libre ha de ser 
nuestro jefe y no tirano; 
este es el sagrado voto 
de todo buen ciudadano. 

Cielito y otra vez cielo. 

Bajo de esta inteligencia, 
reconozca, amigo Rey, 
nuestra augusta independencia. 

Mire que grandes trabajos 
nao apagan nuestros ardores, 
ni lumbres, muertes, miserias, 
ni aguas, fríos y calores. 

Cielito, cíelo que sí, 
lo que te digo, Fernando. 
Confiesa que somos libres, 
y no andés remoloneando. 

Dos cosas ha de tener 
el que viva entre nosotros, 
amargo y mozo de garras 
para sentársele a un potro. 

Y digo cielo y más cielo, 
Cielito del espínillo, 
es circunstancia que sea 
libertad para el cuchillo. 

Mejor es andar delgado, 
andar águila y sin pena, 
que no llorar para siempre 
entre pesadas cadenas. 


Cielito, cielo que sí, 
guárdense su chocolate, 
aquí somos puros Indios 
y sólo tomamos mate. 

Y si no le agrada, venga 
con lucida expedición, 
pero si sale matando 

no diga que fue traición. 

Cielito, los españoles 
son de laya tan fatal, 
que si ganan es milagro, 
y traición si salen mal. 

Lo que el rey siente es la falta 
de minas y plata y oro, 
para pasar este trago 
cante conmigo este coro. 

Cielito, digo que no. 

Cielito, digo que sí, 
reciba, mi D. Fernando, 
memorias de Potosí. 

Ya se acabaron los tiempos 
en que seres racionales 
adentro de aquellas minas 
morían como animales. 

Cielo los reyes de España 
¡La puta que eran traviesos! 
nos cristianaban al grito 
y nos robaban los pesos. 

Y luego nos enseñaban 

a rezar con grande esmero, 
por la interesante vida 
de cualquiera tigre overo . 

Y digo cielo y más cielo, 
cielito del cascabel, 
¿rezaríamos con gusto 

por un tal D. Pedro el Cruel? 

En fin cuide amigo rey 
de su vacilante trono, 
y de su tierra, si puede, 
haga cesar el encono. 

Cielito, cielo que sí, 
ya los constitucionales 
andan por ver si lo meten 
en algunos pajonales. 

Y veremos si lo saca 
la señora inquisición , 

a la que no tardan mucho 
en arrimarle latón. 

Cielito, cielo que sí, 
ya he cantado lo que siento, 
supliendo la voluntad 
la falta de entendimiento. 


254 


Nuevo diálogo patriótico 


entre Ramón Contreras, gaucho de la Guardia del Monte y 
Chano, capataz de una estancia en las islas del Tordillo. 


Chano 

¿Qué dice, amigo Ramón, 
qué anda haciendo por mi pago 
en el zaino parejero? 

Contreras 

Amigo, lo ando variando, 
porque tiene que correr 
con el cebruno de Hilario. 

Chano 

¡Qué me cuenta! si es ansí 
voy a poner ocho a cuatro 
a favor de este bagual. 

Mire amigo que es caballo 
que en la rompida no más 
ya se' recostó al contrario . 

Contreras 

¿Y cómo jue desde el día 
que estuvimos platicando? 

Chano 

Con salú; pero sin yerba; 
desensille su caballo, 
tienda su apero y descanse. 

Toma este pingo, Mariano, 
y con el bayo amarillo 
camina y acolláralo. 

Mire que de aquí a la Guardia 
hay un tirón temerario! 

Contreras 

Y con tantos aguaceros 
está el camino pesao, 
y malevos que da miedo 
anda uno no más topando. 

Lo güeno que yo afilé 
a mi gusto el envenao, 
lo hice con las de domar 
cuatro preguntas al zaino, 
y en cuanto lo vi ganoso, 
y que se iba alborotando, 
le aflojé todo y me vine, 

Pero siempre maliciando .. . 

Ve ¡ay yerba, amigo viejo, 
iremos cimarroniando. 

Chano 

¿Y cómo va con la Patria 
que me tiene con cuidado? 


Ayer unos oficiales 
cayeron por lo de Pablo 
y mientras tomaban mate, 
lo asentaron, y mudaron, 
leyeron unas noticias 
atento del rey Fernando, 
que solicita con ansia 
por medio de diputados 
ser aquí reconocido 
su Constitución jurando. 

Contreras 

Anda el runrún hace días, 
por cierto no lo engañaron; 
los diputados vinieron, 
y desde el barco mandaron 
toda la papelería 
a nombre del rey Fernando. 

Y venían roncadores. .. 
la pu. .. los maturrangos! 

Pero amigo nuestra Junta 
al grito les largó el guacho 
y les mandó una respuesta 
más linda que San Bernardo. 

Ah gauchos escribinistas 
en el papel de un cigarro! 

Viendo ellos que no embocaban, 
y que los había torniao, 
alzaron los contrapesos 
y dando güeltas al barco, 
se jueron sin despedirse .. . 

Vayan con doscientos diablos. 

Chano 

Mire que es hombre muy rudo 
ei amigo don Fernando: 
lo contemplo tan inútil 
asigún le he figurao, 
que creo que ni silbar 
sabe, como yo soy Chano. 

De balde dimos de baja 
a todos sus mandatarios, 
y por nuestra libertá 
y sus derechos sagraos 
nos salimos campo ajuera, 
y al enemigo topando, 
el poncho a medio envolver 
y el alfajor en la mano, 
con el corazón en Dios 
y en el santo escapulario 
de nuestra Virgen del Carmen, 
haciendo cuerpo de gato; 
sin reparar en las balas 
ni en los fuertes cañonazos, 
nos golpiamos en la boca 



y ya nos entreveramos; 
y a este quiero, a este no quiero, 
los juimos arrinconando, 
y a un grito: }Viva la Patria! 
el coraje redoblamos, 
y entre tiros y humadera, 
entre reveses y tajos, 
empezaron a flaquiar 
y tan del todo aflojaron, 
que de esta gran competencia 
ni memoria nos dejaron. 

De balde en otras aiciones 
les dimos contra los cardos; 
y si no que le pregunten 
a Posadas el mentao 
cómo le jue allá en Las Piedras 
y después allá en los barcos. 

Diga Tristán ... mas no quiero 
gastar pólvora en chimango, 
porque era Tristán más triste 
que hombre pobre enamorado. 
Mués as en la del Cerrito; 

Marcó flojo y sanguinario 
en la alción de Chacabuco. 
Osorio es hombre fortacho 
allá en los Cerros de Espejo 
en la pendencia dé Maipo; 
hable Quimper y ese O f Relly 
y otros muchos que abura callo. 
Todo es de balde , Contreras, 
pues si conoce Fernando 
que aunque haga rodar la taba 
culos no más sigue echando, 
¿no es una barbaridá 
el venir abura roncando? 

Mejor es que duerma un poco, 
porque amigo f a sus vasallos 
el nombre de Liberta 
creo que les va agradando, 
y como él medio se acueste, 
cuanto se quede roncando, 
ya le hicieron trus la vaca 
y ya me lo capotiaron. 

Contreras 

¡Ah Chano, si de sabido 
perdiz se hace entre las manos, 
cuanto me ha dicho es ansina 
y yo no puedo negarlo; 
pero esté usté en el aquel 
que ellos andan cabuliando 
a ver si nos desunimos 
del todo, y en este caso 
arrancarnos lo que es nuestro 
y hasta el chiripá limpiarnos. 

Chano 

/No toque amigo ese punto 
porque me llevan los diablos! 
¿Quién nos mojaría la oreja 
si uniéramos nuestros brazos? 
No digo un Rey tan lulingo: 
mas ni todos los tiranos 


juntos, con más soldadesca 
que hay yeguada en nuestros 
{ campos 

nos habían de hacer roncha; 
pero amigo es el trabajo 
que nuestras desavenencias 
nos tienen medio atrasaos, 

¡Ah! sangre, amigo, preciosa, 
¡tanta que se ha derramao! 

¡No es un dolor ver, Contreras, 
que ya los americanos 
vivimos en guerra eterna 
y que al enemigo dando 
ratos alegres y güenos 
los tengamos bien amargos? 

Pero yo espero desta hecha 
saludar al Sol de Mayo, 
en días más lisonjeros 
unido con mis hermanos, 
y ansí no hay que arrecular, 
que ya San Martín el bravo 
está en las puertas de Lima 
con puros mozos amargos, 
soldadesca corajuda, 
y sigún me han informao 
en Lima hay tanto patriota 
que Pezuela anda orejiando, 
y en logrando su redota 
ha de cambiar nuestro Estado, 
pues renace el patriotismo 
en el más infeliz rancho. 

Contreras 

Sí señor, dejuramente. 

/Ah momento suspirao! 

Y en cuanto esto se concluya 
al grito nos descolgamos 
con latón y garabina, 
a suplicarle a un tapao 
que largue no más lo ajeno, 
porque es terrible pecao 
contra el gusto de su dueño 
usar lo que no se ha dao; 
y en concensia yo no quiero 
—porque soy muy güen 

{cristiano — 
que ninguno se condene 
por hecho tan temerario. 

Chano 

Eso sí, Ramón Contreras. 

¿Se acuerda del fandangazo 
que vimos en lo de Andújar 
cuando el general Belgrano 
hizo sonar los cuentos 
en Salta a los maturrangos? 

Por cierto que en esta aición 
—sin intención de dañarnos — 
hizo un barro el general 
que aún hoy lo estamos pagando: 
él quiso ser generoso 
y presto miró su engaño, 
cuando hizo armas en su contra 



el juramentao Castro, 
que quebrantando su voto 
manchó su honor y su grao. 
Estas generosidades 
muy lejos nos han tirao, 
porque el tirano presume 
que un proceder tan bizarro 
sólo es falta de justicia; 
pero esto ya se ha pasao, 
y no sera malo amigo 
si por fin escarmentamos. 

Por ahura saque el cuchillo, 
despachemos este asao 
y sestiaremos después, 
para ir a lo del Pelao 
a ver si entre su manada 
está, amigo, mi picazo, 
que hace días que este bruto 
de las mansas se ha apartao. 


Comieron con gran quietú, 
y después de haber sestiao 
ensillaron medio flojo, 
y se salieron al tranco 
al rancho de Andrés Bordón 
alias el Indio Pelao 
que en las pendencias de arriba 
sirvió de triste soldao, 
y en Vilcapujio de un tiro 
una pierna le troncharon. 

Dieron el grito en el cerco, 
los perros se alborotaron; 

Bordón dejó la cocina, 
los hizo apiar del caballo; 
y lo que entre ellos pasó 
lo diremos más despacio 
en otra ocasión, que en esta 
ya la pluma se ha cansao. 


Diálogo patriótico interesante 

entre Jacinto Chano, capataz de ana estancia en las islas 
del Tordillo, y el gaucho de la Guardia del Monte. 


Contreras 

¡Conque amigo! ¿Diaónde 
[diablos 

sale? Meta el redomón, 
desensille, votoalante... 

¡Ah pingo que da calor! 

Chano 

De las islas del Tordillo 
salí en este mancarrón; 

¡Pero si es trabuco. Cristo! 
¿Cómo está señó Ramón? 

Contreras 

Lindamente, a su servicio. 
¿Y se vino del tirón? 

Chano 

Sí, amigo; estaba de balde, 
y le dije a Salvador: 

Andá, traéme el azulejo, 
apretamelé el cinchón 
porque voy a platicar 
con el paisano Ramón. 

Y ya también salí al tranco, 
y en cuanto se puso el sol 
cogí el camino y me vine; 
cuando en esto se asustó 
el animal, porque el poncho 
las verijas le tocó... 

¡Qué sosegarse este diablo! 


A bellaquear se agachó 
y conmigo a unos zanjones 
caliente se enderezó. 

Viendomé medio atrasado 
puse el corazón en Dios 
y en la viuda, y me tendí; 
y tan lindo atropelló 
este bruto, que las zanjas 
como quiera las salvó. 

¡Eh puta el pingo ligero 
bien haya quien lo parió! 

Por fin después de este lance 
del todo se sosegó, 
y hoy lo sobé de mañana 
antes de salir al sol, 
de suerte que está el caballo 
parejo que da temor. 

Contreras 

¡Ah, chano... pero si es 
[liendre 

en cualquiera bagualón!.. . 
Mientras se calienta el agua 
y echamos un cimarrón 
¿Qué novedades se corren? 

Chano 

Novedades, .. qué sé yo; 
hay tantas que uno no acierta 
a qué lado caerá el dos, 
aunque le esté viendo el lomo 
todo el pago es sabedor 
que yo siempre por la causa 
anduve al frío y al calor. 




257 


Cuando la primera patria 
al grito se presentó 
Chano con todos sus hijos, 
j Ah tiempo aquél, ya pasó! 

Si fue en la patria del medio 
lo mismo me sucedió, 
pero amigo en esta patria... 
alcancemé un cimarrón. 

Coniferas 

No se corte, déle guasca, 
siga la conversación, 
velay mate: todos saben 
que Chano, el viejo cantor 
a donde quiera que vaya 
es un hombre de razón, 
y que una sentencia suya 
es como de Salomón. 

Chano 

Pues bajo de ese entender, 
emprestemé su atención, 
y le diré cuanto siente 
este pobre corazón, 
que como tórtola amante 
que a su consorte perdió, 
y que anda de rama en rama 
publicando su dolor; 
así yo de rancho en rancho 
y de tapera en galpón, 
ando triste y sin reposo, 
cantando con ronca voz 
de mi patria los trabajos, 
de mi destino el rigor.— 

En diez años que llevamos 
de nuestra revolución 
por sacudir las cadenas 
de Fernando el balandrón 
¿qué ventaja hemos sacado? 

Las diré con su perdón. 
Robarnos unos a otros, 
aumentar la desunión, 
querer todos gobernar, 
y de facción en facción 
andar sin saber que andamos: 
resultando en conclusión 
que hasta el nombre de paisano 
parece de mal sabor, 
y en su lugar yo no veo 
sino un eterno rencor 
y una tropilla de pobres, 
que metida en un rincón 
canta al son de su miseria: 

¡No es la miseria mal son! 

Coniferas 

¿Y no se sabe en qué diasques 
este enredo consistió? 

¡La pujanza en los paisanos 
que son de mala intención! 

Ud. que es hombre escribido 
por su madre digaló, 
que aunque yo compongo cielos 
y soy medio payador. 


a Ud. le rindo las armas 
porque sabe más que yo. 

Chano 

Desde el principio, Contreras, 
esto ya se equivocó. 

De todas nuestras provincias 
se empezó a hacer distinción, 
como si todas no fuesen 
alumbradas por un sol; 
entraron a desconfiar 
unas de otras con tesón, 
y al instante la discordia 
el palenque nos ganó, 
y cuanto nos descuidamos 
al grito nos revolcó. 

¿Porque nadie sobre nadie 
ha de ser más superior? 

El mérito es quien decide, 
oiga una comparación: 
quiere hacer una volteada 
en la estancia del Rincón 
el amigo Sayavedra. 

Pronto se corre la voz 
del pago entre la gauchada; 
ensillan el mancarrón 
más razonable que tienen, 
y alfilando el alfajor 
se vinieron a la oreja 
cantando versos de amor; 
llegan, voltean, trabajan; 
pero, amigo, del montón 
reventó el lazo un novillo 
y solito se cortó, 
y atrás dél como langosta 
el gauchaje se largó... 

¡Qué recostarlo, ni en chanza! 
Cuando en esto lo atajó 
un muchacho forastero, 
y a la estancia lo arrimó. 

Lo llama el dueño de casa, 
mira su disposición 
y al instante lo conchaba. 

Ahora pues pregunto yo: 

¿El no ser de la cuadrilla 
hubiera sido razón 
para no premiar al mozo? 

Pues oiga la aplicación. 

La ley es una no más, 
y ella da su protección 
a todo el que la respeta. 

El que la ley agravió 
que la desagravie al punto: 
esto es lo que manda Dios, 
lo que pide la justicia 
y que clama la razón; 
sin preguntar si es porteño 
el que la ley ofendió, 
ni si es salteño o puntano, 
ni si tiene mal color. 

Ella es igual contra el crimen 
y nunca hace distinción 
de arroyos ni de lagunas 
de rico ni pobretón: 
para ella es lo mismo el poncho 
que casaca y pantalón: 


2SR 


pero es platicar de balde, 
y mientras no vea yo 
que se castiga el delito 
sin mirar la condición, 
digo que hemos de ser libres 
cuando hable mi mancarrón. 

Coniferas 

Es cierto cuanto me ha dicho, 
y mire que es un dolor 
ver estas rivalidades, 
perdiendo el tiempo mejor 
sólo en disputar derechos 
hasta que ¡no quiera Dios! 
se aproveche algún cualquiera 
de todo nuestro sudor. 

Chano 

Todos disputan derechos, 
pero amigo sabe Dios 
si conocen sus deberes; 
de aquí nace nuestro error, 
nuestras desgracias y penas; 
yo lo digo, sí señor, 

¡Qué derechos ni qué diablos! 
Primero es la obligación, 
cada uno cumpla la suya, 
y después será razón 
que reclame sus derechos; 
así en la revolución 
hemos ido reculando, 
disputando con tesón 
el empleo y la vereda, 
el rango y la adulación. 

Y en cuanto a los ocho pesos... 
¡el diablo es este Ramón! 

Coniferas 

Lo que a mí me causa espanto 
es ver que ya se acabó 
tanto dinero, por Cristo; 
mire que daba temor 
tantísima pesería! 

¡Yo no sé en qué se gastó! 
Cuando el general Belgrano 
(que esté gozando de Dios) 
entró en Tucumán, mi hermano 
por fortuna lo topó, 
y hasta entregar el rosquete 
ya no lo desamparó. 

¡Pero ah contar de miserias! 

De la misma formación 
sacaban la soldadesca 
delgada que era un dolor! 

Con la ropa hecha miñangos, 
y el que comía mejor 
era algún trigo cocido 
que por fortuna encontró. 

Los otros cual más cual menos 
sufren el mismo rigor. 

Si es algún buen oficial 
que al fin se inutilizó, 
da cuatrocientos mil pasos 
pidiendo por conclusión 


un socorro; no hay dinero. 
Vuelva... todavía no ... 
Hasta que sus camaradas 
(que están también de mi flor) 
le largan una camisa, 
unos cigarros y a Dios. 

Si es la pobre y triste viuda 
que a su marido perdió 
y que anda en las diligencias 
de remediar su aflicción, 
lamenta su suerte ingrata 
en un mísero rincón—. 

De composturas no hablemos; 
vea lo que me pasó 
al entrar en la ciudad; 
estaba el pingo flacón 
y en el pantano primero 
lueguito ya se enterró, 
seguí adelante ¡ah barriales! 

Si daba miedo, señor. 

Andube por todas partes 
y vi un grande caserón 
que llaman de las comedias, 
que hace que se principió 
muchos años, y no pasa 
de un abierto corralón, 
y dicen los hombres viejos 
que allí un caudal se gastó, 
tal vez al hacer las cuentas 
alguno se equivocó 
y por decir cien mil pesos... 
Velay otro cimarrón. 

Si es en el paso del ciego 
allí Tacuara perdió 
la carreta el otro día; 
y él por el paso cortó 
porque le habían informado 
que en su gran composición 
se había gastado un caudal. 
Con _que amigo no sé yo 
por más que estoy cabilando 
a donde está el borbollón—. 

Chano 

Eso es querer saber mucho—. 
SÍ se hiciera una razón 
de toda la plata y oro 
que en Buenos-Aires entró 
desde el día memorable 
de nuestra revolución, 
y después de buena fe 
se diera una relación 
de los gastos que han habido, 
el pescuezo apuesto yo 
a que sobraba dinero 
para formar un cordón 
desde aquí a Guasupicúa; 
pero en tanto que al rigor 
del hambre perece el pobre, 
el soldado de valor, 
el oficial de servicios, 
y que la prostitución 
se acerca a la infeliz viudad 
que mira con cruel dolor 
padecer a sus hijuelos. 


259 


entretanto el adulón, 
el que de nada sirve 
y vive en toda facción, 
disfruta grande abundancia; 
y como no le costó 
nada el andar remediado 
gasta más pesos que arroz— 

Y amigo de esta manera, 
en medio del pericón 

el que tiene es D. Fulano, 
y el que perdió se amoló; 
sin que todos los servicios 
que a la patria le prestó, 
lo libren de una roncada 
que le largue algún pintor. 

Contreras 

Pues yo siempre oí decir 
que ante la ley era yo 
igual a todos los hombres—. 
Mismamente, así pasó, 
y en papeletas de molde 
por todo se publicó; 
pero hay sus dificultades 
en cuanto a la ejecución. 

Roba un gaucho unas espuelas, 
o quitó algún mancarrón, 
o del peso de unos medios 
a algún paisano alivió: 
lo prenden, me lo enchalecan. 

Y en cuanto se descuidó 
le limpiaron la caracha, 
y de malo y salteador 

me lo tratan, y a un presidio 
lo mandan con calzador; 
aquí la ley cumplió, es cierto, 
y de esto me alegro yo, 
quien tal hizo que tal pague. 
Vamos pues a un señorón. 
Tiene una casualidad... 
ya se ve... se remedió ... 
un descuido que a cualquiera 
le sucede, sí señor. 

Al principio mucha bulla, 
embargo, causa, prisión, 
van y vienen, van y vienen, 
secretos, admiración, 


¿qué declara? que es mentira, 
que él es un hombre de honor. 
¿Y la mosca? no se sabe, 
el estado la perdió, 
el preso sale a la calle 
y se acaba la función, 

¿Y esto se llama igualdad? 

La perra que me parió! 

En fin, dejemos, amigo, 
tan triste conversación, 
pues no pierdo la esperanza 
de ver la reformación. 

Paisanos de toda layas, 
perdonad mi relación: 
ella es hija de un deseo 
puro y de buena intención. 
Valerosos generales 
de nuestra revolución, 
gobierno a quien le tributo 
toda mi veneración, 
que en todas vuestras acciones 
os dé su gracia el Señor, 
para que enmendéis la plana 
que tantos años se erró: 
que brille en vuestros decretos 
la justicia y la razón, 
que el que la hizo la pague, 
premio al que lo mereció, 
guerra eterna a la discordia 
y entonces sí creo yo 
que seremos hombres libres 
y gozaremos el don 
más precioso de la tierra: 
americanos, unión, 
os lo pide humildemente 
un gaucho con ronca voz 
que no espera de la patria 
ni premio ni galardón, 
pues desprecia las riquezas 
porque no tiene ambición, 
y con esto hasta otro día, 
mande usté amigo Ramón 
a quien desea servirle 
con la vida y corazón. 

Esto dijo el viejo Chano 
y a su pago se marchó, 

Ramón se largó al rodeo 
y el diálogo se acabó. 



Anónimo 


Cielito del Blandengue 
retirado 


No me vengan con embrollas 
de Patria ni montonera , 
que para matarse al ñudo 
le sobra tiempo a cualquiera. 

Cielito, cielo que sí, 
cielito de Canelones, 
qué Patria ni qué carancho 
han de querer los ladrones. 

Vayan al Diablo, les digo, 
con sus versos y gacetas, 
que no son sino mentiras 
para robar las pesetas. 

Cielito, cielo que sí, 
cielito del dios Cupido, 
para decir las verdades 
yo nunca licencia pido. 

Dos veces me han engañado 
como a negro de Guinea, 
y por poquito ... / barajo! 
no me venden con librea. 

Allá va cielo señores, 
vaya cielito y más cielo, 
por esta vez no me cogen 
aunque me pongan siñuelo. 

Sarratea me hizo cabo, 
con Artigas jui sargento, 
el uno me dio cien palos 
y el otro me arrimó ciento. 

Cielito, cielo que sí, 
cielito del corazón, 
para no pagarme sueldo 
era güeña la ración. 

A Blasito hei conocido 
y también a Encarnación, 
que eran Feges alentados 
para una degollación. 

Cielito, cielo que sí, 
miráme cielo siquiera, 
cuando tomaban la tranca 
¡la pucha! qué polvadera. 

Cansado de padecer 
me retiré del servicio 
con muchos piojos de más 
y de menos un oficio. 


Cielito, cielo que sí, 
cielito de los Blandengues, 
también me falta una pierna 
y me sobran perendengues. 

Cuatro vacas hei juntado 
a juerza de trabajar, 
y agora que están gordas 
ya me las quieren robar. 

Cielito, cielo que sí, 
oye cielo mis razones, 
para amolar a los zonzos 
son estas regoluciones. 

Yo conozco a los puebleros 
que mueven todo el enriedo, 
son uno hijos de puta, 
ladrones que meten miedo . 

Cielito, cielo que sí, 
vaya un cielo para todos, 
mira qué lindos patriotas 
los portugueses y godos. 

La vez pasada anduvieron 
por estos campos de Dios 
gritando paz y sosiego 
Don Lorenzo y don Muñoz. 



261 





Cielito, cielo que sí, 
ay cielito de mi tierra, 
si entonces pedían paces 
¿por qué agora piden guerra? 

A Vázquez el comisario, 

Juan Benito y Antolín, 
desde el sitio tengo ganas 
de tocarles el violín. 

Cielito, cielo que sí, 
allá va cielo, señores, 
si quieren verlos contentos, 
que los hagan provedores. 

Ojalá salgan ajuera 
con toíta su pandilla, 
que un remedio hei de 
{ enseñarles 

para matar la polilla. 


Cielito, cielo que sí, 
tan cierto como el miar, 
estos son los alcagüetes 
de Don Car Utos Alviar. 

Basta de cielo señores, 
que la prima me ha faltado, 
y de cantar tan seguido 
me siento medio cansado. 

Cielito, cielo que sí, 
vaya un betún por detrás: 
tres patria hei conocido, 
no quero conocer más. 


Nota. — Publicado en papel 
anónimo» sin fecha ni lugar, pro¬ 
bablemente entre 1822 y 1823. 


Manuel de Araúcho 

Diálogo de dos gauchos: 
Trejo y Lucero 

Trejo Lucero 


¿Qué me dice amigo Lucero? 
¿De aónde viene tan sudao? 
Que ¿anduvo corriendo yeguas 
o voleando algún venao? 

Lucero 

Quítese, amigo, por Cristo, 
porque vengo reventando. 

¡La pucha, digo en los hombres 
se están haciendo los zainos 
para escupir cuatro reales. .. 
Mande que vayan cebando 
un mate cito ño Trejo, 
y vamos un verde echando, 
mientras le saco el apero 
a este mi mancarrón bayo 
porque ya lo ve que tiene 
el corazón palpoteando. 

Trejo 

Pero diga de aonde viene.. • 
Chepa alcanzónos un banco 
y arrimóte la agua al fuego. 
Iremos cimarroneando 
que la yerva está barata. .. 
Vaya picando un cigarro, 
velai tabaco; y de ahi diga, 
¿qué es eso que le ha pasao? 


¿De aónde he de venir? Del 
{pueblo, 

que cuasi me han trajinao; 
amigo el diablo anda suelto. 

Jui a ver un viejo ricacho 
que me debía cien grullos, 
de un aparte de ganao 
porque él tiene matadero ... 

Trejo 

Perdone si yo le atajo 
su palabra honrada, amigo; 
ese mate que le han dado 
vea si está bien caliente: 
cebónos Chepa, pelando, 
ya sabés que ño Lucero 
no es hombre muy maturrango. 

Lucero 

De lo lindo lo mejor ... 

Pues como digo: es el caso 
que dejo el bayo en la puerta, 
por delante me la chanto, 
y le dije: "A.quí he venío 
—si no le sirve de enfado — 
a que su mercé me pague 
los cien pesos del ganao; 
aquí está la papeleta, 


262 


yo estoy muy necesitao, 
y si no fuera por eso 
no viniera a incomodarlo”, 

Y el hijo de ,. . tente lengua, 
sale diciendo: "Paisano, 
ya usté ve las circunstancias, 
lo que la plata ha bajao 
y los atrasos que tengo 
con esa paz de los diablos; 
de todo hay, menos billetes, 
y he suspendido mis pagos”. 

Me quedé ardiendo, ño Y rejo, 
y le digo: "¿Está chanceando 
usté patrón, o de veras 
no quiere largar el guacho?”, 

"Ni un medio tengo —me dice — 
porque me encuentro quebrao.. .” 
Eché mano al alfajor 
diciéndole: "Ladronazo, 
largue el mono, hijo de ángulo, 
o si no le saco el guano”, 

Trejo 

¿Por qué no le atracó, amigo? 

Lucero 

Yo por atracarle el tajo 
estaba, bien sabe Dios, 
tan cierto como ése es bayo,,, 
Saliéndome de la vaina, 
la orina me había engañao. 

Ya me le afirmo, ya no, 
ya tenía el cabo blanco 
apuntándole al mondongo, 
cuando me ha dicho: "Cuñao, 
le voy a entregar su plata”. 

Yo me lo agarré de urt brazo 
y él enderezó a una caja 
que se parece a un armario, 
que llaman escribatura, 
y sacó unos talegazos 
que lo que los vi decía 
yo a mi poncho: ¡pa los pabosf 
¡Quién te agarrara chuspita 
en una mesa de paro 
para hacerte vomitar 
en cuatro suertes el cuajo! 

"Tome Ud., pues, su dinero” 

—esto lo dijo sacando 
cien pesos de otro cajón 
donde tenía empaquetao 
más papel que todo el que hai 
aonde le llaman el Banco —. 

Le eché las mansas, al grito, 
y dándole un juerte abrazo 
que lo hice pujar al hombre 
con aquel apretonazo, 
le dije: "Ud. no se asuste 
porque esto lo hago chanceando; 
si le hace falta el dinero 
disfrute Ud. de él paisano”. 

Me respondió: "Muchas gracias”; 
salí y monté en mi caballo. 


Trejo 

Pues Lucero, si soy yo, 
le largo la rienda al llanto ; 
le aprieto la mano amigo 
para que no sean tan mansos 
para no pagar lo ajeno 
y no se hagan los quebraos. 

De una pierna habían de ser,,, 
Después que nos ka?i sacao 
el añil esos tenderos, 
que por cualesquiera trapo 
nos pedían el corazón . .. 
¿Cuánto piensa que ha costao 
a este pobre que usté vé 
un par de zapatos zainos, 
que se le antojó un domingo 
a esta Chepa de los diablos 
para irse a la cazuela 
con un peasito bordao? 

Puez diez pesos nada menos: 

¡vea si serán marrajosf 
Pero siga, ño Lucero 
que siento haberlo atajado. 

Lucero 

De allí yo me fui derecho 
a ver si tomaba un trago. 

Fui al café de Catalanes, 
había un monte soberano 
y en dos entreses, amigo, 
me dejaron tiritando, 
porque Ud. sabe ño Trejo 
que soy hombre taurazo, 
que a nadie le culancheo 
y que cuando hay barro a mano 
—dirán en las pulperías — 
que en un apunte me manco, 



263 



o hago alguna barredera 
que dejo a todos sentaos. 

Trejo 

¿Pero será cierto amigo 
que no hay quien pague un 
{ochavo? 

Lucero 

Qué, amigo, si eso no es nada; 
si Ud. va al pueblo, borracho 
ha de volver con lo que hay, 
sin siquiera oler un vaso 
con que hasta los panaderos 
porque se les ha mandao 
que ya no amasen de amedio 
m el pan blanco ni el paubazo, 
si serán pillos ño Trejo, 

¡también se andan emperrando! 
Ya no amasan pan, 
se nos quedan empacaos 
el pueblo casi no come 
¿y lo estamos aguantando? 


Trejo 

¿Qué me dice ño Lucero? 

¿A este estao hemos lie gao? 

¿Pues sabe que estamos frescos? 
¿Y cómo esos desastraos, 
no quieren pagar el trigo 
si no a unos precios tan bajos? 
Vamos al rodeo, amigo, 
que nos dé el viento del campo, 
porque ya estoy muy caliente 
y puede tentarme el diablo, 
de irme al pueblo agora mismo, 
y con un garrote, a palos, 
comenzar por los del pan 
y acabar por los quebraos . 

Salieron los dos amigos, 
y montaron a caballo. 

Ño Trejo se fue al rodeo 
y Lucero fue a su pago. 

Nota. — Pertenece al libro Un 
paso en el Pindó, en el cual Ma¬ 
nuel de Araúcho recogió, en 1835 , 
su producción dispersa. 


Hilario Ascasubi 


Cielito gaucho 

Compuesto en la ciudad de Montevideo en febrero de 
1843, a la salud del coronel D. Melchor Pacheco 7 
Obes, por el soldado José Crudo, de la división Medina. 


Vaya un cielito rabioso, 
cosa linda en ciertos casos 
en que anda . un hombre ganoso 
de divertirse a balazos. 

¡Ay, cielo, cielo y más cielo! 
este año por las cuchillas, 
a costa de la invasión, 
hemos de comer morcillas. 

Cierto es que los mazorqueros 
se nos vienen al pescuezo 
con asierra y alfajor, 
y ¿qué han de sacar con eso? 

Digo, cielo, que el serrucho, 
no se usa en nuestra campaña; 
pero ya que lo hacen moda 
también nos daremos maña. 

Llegado el caso, a la juerza 
hemos de andar muy contentos 


con lanza, latón y bolas, 
y a más, serrucho a los tientos. 

Allá va cielo y más cielo, 
siendo pareja la guerra, 
lo mismo es tierno que blando, 
lo mismo sierra que asierra. 

Acá no somos muy pocos, 
allá diz que son más muchos; 
quiere decir, que nosotros 
menearemos más serrucho. 

Cielito, cielo, eso sí: 
estamos en nuestra cancha, 
y hemos de desempeñarnos 
mucho mejor que en Cagancha. 

Aunque en el Arroyo Grande 
perdimos una jugada, 
no ha sido cosa: la erramos 
de lleva en esa parada. 


264 



Digo, mi cielo, cielito, 
cielo de Martín Sorondo, 
acá verán si don Frutos 
les ha de cubrir el fondo. 

¡Ea, rosines!, ¡a ver 
ese valor federal, 
si sujeta como quiera 
a la gauchada oriental! 

Allá va, cielo y más cielo, 
¡qué Cristo han de sujetar! 
si somos tan presumidos 
para esto de no aflojar. 

Son de balde esas balacas, 
que han de tomar la ciudad: 
¿no ven que coger un zorro 
tiene su dificultad? 

Cielito, cielo, bien saben, 
mientras viva don Frutuoso, 
llegar a Santa Lucía 
les ha de ser trabajoso. 

Con una yegua bellaca 
y un cuero viejo a la cola, 
los hemos de entretener, 
y de ahi, que corra la bola. 

Cielito, cielo y más cielo, 
cielito de las tres cruces, 
con esta sola maniobra 
han de montar avestruces. 

En teniendo redomones 
y bolas como tenemos 
y que nos mande don Frutos 
ya ni chiripá queremos. 

Digo, mi cielo, y si piensan 
que andamos muy desaviaos, 


ya verán cuando les llueva 
bala y corvo a todos laos. 

¿Presumen que a infantería 
nos han de medio pasar? 
¡poquita es la morenada 
que les hemos de soltar! 

¡Cielito, cielo y más cielo, 
cielito de la ciudá, 
que ha hecho cuatro mil infantes 
la ley de la libertá! 

¡Ah, cosa! es ver los morenos 
bramando como novillos, 
preguntando a cada rato: 

"onde e que está essem 
[branquillos”. 

Allá va, cielo y más cielo, 
cielito de Canelones, 
atiendan como se explican 
en todos los batallones: 

t( Lijalo no má vinise 
a ese rosine tlompeta, 
que cuando le tropellamo 
¡Ion diablo que no sujeta!”. 

¡Ay, cielo, cielo y más cielo, 
cielito digo, que sí; 
no hay duda, están los morenos 
más bravos que cumbaría! 

¡Viva pues la infantería 
y los Guardias Nacionales, 
marinos y artillería, 
y todos los orientales! 

¡Cielito, cielo y más cielo, 
cielito de la despedida, 
muera Rosas y seremos 
libres por toda la vida! 


265 












Retruco a Rosas 


Por una infame calumnia que publicó en Buenos 
Aires respecto al general don José María Paz 


Gaucho embustero, mentís 
brutalmente en cuanto hablas 
contra del general Paz, 
y en lo demás que decís . 

Pues de balde te aflijís, 


ya tu carta es conocida, 
y en todas partes sabida 
la aflición en que te hallas; 
y para apurarte más 
yo te buscaré la vida. 


La refalosa 

Amenaza de un mazorquero y degollador de los sitiadores 
de Montevideo dirigida al gaucho Jacinto Cielo, gacetero y 
soldado de la "Legión Argentina", defensora de aquella plaza. 


Mirá, gaucho salvajón, 
que no pierdo la esperanza, 
y no es chanza, 
de hacerte probar qué cosa 
es Tin tin y Refalosa. 

Ahora te diré cómo es: 
escuchá y no te asustés; 
que para ustedes es canto 
más triste que un viernes santo. 

Unitario que agarramos 
lo estiramos; 
o paradito nomás, 
por atrás, 

lo amarran los compañeros 
por supuesto, mazorqueros, 
y ligao 

con un mamador doblao, 
ya queda codo con codo 
y desnudito ante todo. 

/ Salvajón! 

Aquí empieza su aflición. 

Luego después, a los pieses 
un sobeo en tres dobleces 
se le atraca, 

y queda como una estaca 
lindamente asigurao, 
y parao 

lo tenemos clamoriando; 
y como medio chanciando 
lo pinchamos, 
y lo que grita, cantamos 
la refalosa y tin tin, 
sin violín . 

Pero seguimos el son 
en la vaina del latón, 
que asentamos 
el cuchillo, y le tantiamos 


con las uñas el cogote. 

¡Brinca el salvaje vilote 
que da risa! 

Cuando algunos en camisa 
se empiezan a revolcar, 
y a llorar, 

que es lo que más nos divierte; 

de igual suerte 
que al Presidente le agrada, 
y larga la carcajada 
de alegría, 
al oir la musiquería 
y la broma que le damos 
al salvaje que amarramos. 

Finalmente: 

cuando creemos conveniente, 
después que nos divertimos 
grandemente, decidimos 
que al salvaje 
el resuello se le ataje; 
y a derechas 

lo agarra uno de las mechas, 
mientras otro 
lo sujeta como a potro 
de las patas, 

que si se mueve es a gatas. 
Entretanto, 

nos clama por cualquier santo 
tiene el cielo; 

pero ahi nomás por consuelo 
a su queja, 
abajito de la oreja, 
con un puñal bien templao 
y afilao, 

que se llama el quita penas, 
le atravesamos las venas 
del pescuezo. 

¿Y qué se le hace con eso? 


266 ■ 


larga sangre que es un gusto 
y del susto 

entra a revolver los ojos. 

¡Ah, hombres flojos! 
hemos visto algunos de estos 
que se muerden y hacen gesto: 
y visajes 

que se pelan los salvajes, 
largando tamaña lengua; 
y entre nosotros no es mengua 
el besarlo, 

para medio contentarlo. 

¡Qué jarana! 

nos reimos de buena gana 
y muy mucho, 

de ver que hasta les da chucho; 
y entonces lo desatamos 
y soltamos; 
y lo sabemos parar 
para verlo refalar 


¡en la sangre! 
hasta que le da un calambre 
y se cai a patalear, 
y a temblar 

muy fsero, hasta que se estira 
el salvaje; y, lo que espira, 
le sacamos 

una lonja que apreciamos 
el sobarla, 

y de manea gastarla. 

De ah i se le cortan orejas, 
barba, patilla y cejas; 
y pelao, 

lo dejamos arrumbao, 
para que engorde algún chancho, 
o carancho. 


Con que ya ves, Salvajón; 
nadita te ha de pasar 
después de hacerte gritar: 
¡Viva la Federación! 


Media Caña del campo para 
los libres 

La composición siguiente me fue exigida en Montevideo 
por mi respetable amigo el Dr. D. Florencio Varela, quien a su 
costa la mandó imprimir con profusión para mandarla como un 
obsequio al Ejército Argentino Libertador que en esos días inva¬ 
dió a Entre Ríos a las órdenes del valeroso general Juan Lavalle. 

También con esta composición celebré la espléndida victo¬ 
ria obtenida por las tropas orientales al mando del señor general 
D. Fructuoso Rivera, sobre el ejército de D. Juan Manuel de 
Rosas, que invadió a la República Oriental a las órdenes del 
general D. Pascual Echagüe, el cual fue completamente vencido 
en la batalla de Cagancha el 29 de diciembre de 1839. 


Al potro que en diez años 

naides lo ensilló, 

don Frutos en Cagancha 

se le acomodó, 

y en el repaso 

le ha pegado un rigor 

superiorazo. 

Querélos mi vida a los orientales 
que son domadores sin dificultades. 

¡Que viva Rivera! ¡que viva Lavalle! 
Tenémelo a Rosas... que no se desmaye. 
Media caña, 
a campaña. 

Caña entera, 
como quiera. 

Vamos a Entre Ríos, que allá está Badana, 
a ver si bailamos esta media caña: 




que allá está Lavaüe tocarlo 
y don Frutos quiere seguirla basta el fin. 

Los de Cagancha 
se le afirman al diablo 
en cualquier cancha. 

A ese Rosas mentao 
tenemos gana 
de ver si lo sobamos 
como a Badana; 
porque es la gala 
de un oriental tirarse 
con gente mala. 

Desde Entre Ríos vamos a toriarlo; 
pues Lavalle sólo quiere basuriarlo. 

Déjenselo al Rubio, que es de su ensillar, 
y aunque muerda el freno lo ha de sujetar. 
Caña entera, 
no lo espera: 
media caña, 
es su maña. 

Y ahora que a Macana, que fue haciendo bulla, 
la jaca lancera le metió la pulla, 
y ahora que a Badana y al morao Urquiza 
la correntinada les saca la frisa ... 

I que viva Ferré, 
que ha jurao a la Patria 
morir o vencer! 


Frente a la Bajada 
está Lavalle, 
con toda la mozada 
de Güenos Aires. 

Y Mascarilla, 

dicen que está muy flaco 

para morcilla. 

Ea, mascarita, veremos a ver 
si sos cualquier cosa, o has de endurecer: 
allá va Badana, júntate con él, 
que es de los más crudos de Don Juan Manuel. 
Caña aguada, 

¡qué mamada! 

Caña pura, 
es más dura. 

Dale china, sale al Restaurador, 

que chupe y se ponga de más buen humor. 

Mira que ya el hombre entra a desconfiar, 
que los propios suyos lo han de trajinar. 

Vuelta redonda... 

Allá van con Lavalle 
los de Coronda. 


Dejen no más que griten 
los mazorqueros; 
que quizás faciliten 
de los primeros. 

No los apuren; 

que puede que al Ilustre, 

me lo asiguren. 

Esa es buena gente para una voltiada, 
y en habiendo mosca no se para en nada. 
Vaya pues, ingratos, no anden reculando, 
al Restaurador váyanlo amarrando. 



Media caña, 

¡qué lagaña! 

Como gusten, 
no se asusten. 

Aten a ese gaucho, los convidaremos; 
que por lo demás nos arreglaremos. 

Ya ven que la cosa está muy nublada, 
ya ven que Lavalle se va a la charquiada; 
y de esta suerte 
les haremos sin duda 
pitar del tuerte. 


Tucumán y La Rio ja 
y Catamarca, 
se han puesto la divisa 
celeste y blanca. 

Miren qué dolor, 

que La Madrid ha voliao 

al Restaurador. 

¡Ay Felipe, Felipe Batata! 

Mira que la cosa se pone muy ñata: 
subite a la torre, mira el horizonte, 
verás que se arriman los de guardamonte. 
Caña larga, 
qué descarga. 

Caña corta, 
qué te importa. 

Toca tu cencerro y a los tucumanos 
Uamáles devotos, decíles hermanos; 
hermanos, vení, vení con piedá, 
que yo soy batata de vuestra hermandá. 
También los bravos 
sáltenos ya no quieren 
ser más esclavos. 



Las muchachas porteñas 
en la campaña, 
bailarán este invierno 
la media caña ... 
con la mozada 
que les lleva Lavalle 
de la Bajada. 

Que vengan, que vengan, los de barba larga: 
los que a los esclavos se van a la carga; 
dicen las porteñas hasta en la duda: 

"¡Qué lindo es un gaucho de la libertar. 

No se tarden, 
vida mía, 
iqué contento, 
qué alegría! 

¡Que viva Lavalle y los correntinos; 
y los orientales y los argentinos! 

¡Jesús cómo tardan! ¡cuándo los veremos 
con esas divisas que tanto queremos! 

Vuelta postrera. 

¡Viva la liberta! 

¡Rosas ... que muera! 


Antonio Lussich 

El matrero Luciano Santos 


V: '■ * 

Nunca largo es el descanso, 
siempre se suele turbar; 
muy poco sabe durar 
un güen vivir dulce y manso; 
aunque soy rudo yo alcanzo 
pues lo sé por esperencia, 
que del bien en la evidensia 
cree uno que lindo marcha, 

¡viene del rigor la escarcha 
y nos yela sin consencia! 

Ansina a mí me ha pasao; 
en medio de mi alegría 
pisé la guasquita un día 
y en ella me vi enredao; 
Aparicio había vadiao 
con la emigración valiente, 
a peliar de frente a frente 
a un tirano ... y no gobierno, 
el corsario más eterno 
del honrao y diligente. 

Los coloraos maliciaron 
que yo no era de su pelo, 
me miraron con recelo 
y a hostigarme comenzaron; 
los amigos me avisaron, 
pero me hacía el sotreta, 
por no pisar la paleta 
de alguno y vivir juyendo, 
y a cada paso esponiendo 
que me estiraran la jeta . . . 


En nada pensé meterme 

ni con uno ni con otro; 

era tan chucaro el potro 

que al domar podría ... molerme; 

preferí mejor hacerme 

el chancho rengó esa vez, 

pero largaron de a diez 

pa que me diesen ... insulto ... 

y yo por salvar el bulto 

le puse sebo a mis pies . 

Abandoné la querensia 
perdiendo mi bienestar; 

¡tuve al punto que tocar 
pa estraños pagos ausencia! 

¡Pero hay que tener pasensia! 

SÍ sólo a sufrir me echó 
la madre que me largó 
abandonao, que muriera, 
o me comiese una fiera 
por esos mundos de Dios. 

Busqué en los montes guarida 
poniéndome de matrero, 
sin ser ladrón, ni cuatrero, 
ni asesino de partida; 
lo prometí por mi vida 
y mi palabra cumplí; 
humano yo siempre fi, 
jamás se manchó mi lanza, 
y en cuanto vide matanza 
al matador perseguí. 


270 


Algunas veces de día 
hasta mi rancho llegaba, 
y a mi familia encontraba 
pensando en la ausensia mía; 
pero una partida, un día 
en las casas me aguaitó, 
y ni tiempo me dejó 
para bollármele al flete, 
y lo mesmo que a soquete 
sobre un matungo me ató. 

Mi protetora llorando 
jüe a pedirme al oficial, 
y a mi prenda le dio el mal 
de verme, estar maniatado; 
íyo de rabia, iba temblando 
contra tuita aquella gente 
que ansí tan cobardemente 
hacían burla del dolor! 

Al recordar tal rigor 
mi corazón se resiente . 

Me llevaba esa camada 
sobre el lomo de un güacherpo, 
enchalecao tuito el cuerpo 
con una guasca mojada; 

¡qué sufrir! no he visto nada 
pa poderse comparar; 
ni me dejaban de hartar 
a insultos y maldiciones, 
sin contar los escorsones 
que chupaba en el marchar. 

¿Digan si tengo razón 
en maldecir mi fortuna? 

Qué estrella tan mala, ¡ay juna! 
me azota sin compasión 
mucho pior que a cimarrón . .. 
siendo cual soy güen cristiano; 
pues siempre tendí mi mano 
al que encontré desvalido; 

¡qué loba me habrá parido 
con un sino tan tirano!!! 

Ño Borges había campao 
por la noche a un corto trecho 
de mi rancho, en un repecho 
del que me vide bombiao; 
a su carpa fi llevao: 
me preguntó a quién servía. . . 
le retruqué que tenía 
familia pa mantener 
—"¡Bombero blanco has de ser! 
Echenlo a la infantería”. . . 

La cabeza me pelaron 
y quedó como bejiga; 
pa remachar bien la espiga 
al matao lo acollararon; 
y ahi no más me mesturaron 
con gringos cuajaos de piojos, 
más ordinarios que abrojos 
conchavaos por cuatro ríales, 
pa esterminar orientales ... 
y engordar con sus despojos. 


Vino el jefe de servicio, 
y comenzó a aconsejarme 
que él había de enseñarme 
a hacer bien el ejercicio; 
pero que tuviese juicio 
y resertar no pensase, 
porque allí se daba el pase . . . 
al que hacerlo pretendiera, 
que yo albertido viviera 
y ni en broma lo tratase. 

Como lerdo nunca fi, 
le dije: mi capitán, 
lo serviré con afán, 
no tendrá queja de mí, 
y nunca saldré de aquí 
sin darle primero aviso, 
pa que me dé su permiso 
sigún mi comportación; 
lo juro por mi facón 
o por la tierra que piso. 

"Ansí me gusta un tirano 
que marcha derecho viejo”, 
retrucó el ofisialejo 
apretándome la mano: 
dijo que con un paisano 
jamás usaría rigor; 
se ofertó pa protetor 
st cometiera un delito ... 

¡Ya no me gustaba el frito 
por ser demasiao dotor! 

Dispués de eso, al otro día 
a pesar de la prosiada, 
me hizo dir a la carniada 
con los vendidos que había; 
metido entre ellos me vía 
una punta de matuchos, ~ 

¡que pa la uña eran muy luchos! 
pero no pa un desempeño; 

¡y había cada pedigüeño! 
que el mirarlos daba chuchos. 

Uno medio se fio rió, 
quiso agarrarme pa cristo: 
yo que presumo de listo 
¡la burla no me agradó! 

¡A güen puerto atropelló! 

¡echó una suerte clavada! 
porque le di tal sabliada 
que hasta el cielo se óia el grito, 
¡y gruñía ese maldito 
como una gata preñada! 

Y ninguno de los otros 
se me pretendió arrimar; 

¡ansí los iba a arriar! 
como a una punta de potros; 
es al cuete, con nosotros 
nunca pueden los nasiones; 
les damos ciertas Visiones 
mejor que méstros de escuela ., . 
¡Que joroben a su agüela 
y dejen de ser chichones / 


271 


BE 


Cuando el jefe supo el caso 
me metió en el cepo, tieso, 
cayéndome a más de eso 
con cien azotes de lazo; 
me ataron los pies, y al raso 
dos noches duras pasé; 
del capitán me acordé 
¡bien pude esperarlo un año!. . . 
Jue su promesa un engaño 
tal cual yo lo rhalicié. 

Ansí lo pasa en la tierra 
el que es redondo y paisano; 
es el destino tirano 
que en castigarnos se aferra; 

Jtodos nos hacen la guerra! 
y siempre quieren mojar; 
cuando nos pueden lograr 
en la cara se nos rain, 
si usté retosa, le cáin. . . 

/porque al gaucho hay que domsir! 

Dabanmé una triste presa 
de pulpa cuasi podrida; 

¡es triste cosa en la vida 
tener la suerte traviesa! 

Diay hice formal promesa, 
que en cuanto libre estuviera 
aunque morirme supiera, 
me les iba a escabullir, 
y no lo habían de sentir 
sino al ver mi polbadera. 

Yo cumplí lo prometido; 
al tomar mi liberta 
lo mesmo que el aperiá 
en un pajal busqué nido; 
allí como hombre divertido 
me oculté del chaparrón; 
al dirme uñatié un facón, 
mis bofiadoras y un lazo, 
pa poder salir del paso 
en cualesquier arriesgón. 

De entonces, me hice matrero 
como ya lo tengo dicho; 
le tomé gusto al capricho 
y me réi del mundo entero; 
hice en el monte un potrero 
y un ranchito macumbé; 
y pa no quedarme a pie 
tenía pingos de reserba 
y a más. . . también otra yerba 
que por alto pasaré. 

De día poco me vieron, 
y menos en poblasiones; 
dejé a un lao las rilasiones 
dispués que me solprendieron: 
muchos lazos me tendieron 
pero a cabriolas les juta; 
como el campo conocía 
nunca dejaba una güella, 
y más listo que centella 
fantasma me les hacía. 


Cuando volví pa mi pago ., . 

¡se me nublaron los ojos / 

Hallé sólo los despojos 

que hizo la guerra en su estra- 

íg °*•* 

Alcance Baílente un trago 
pa ahogar la terrible idea 
que en mi espíritu campea . . . 
¡Muerte !. . . ¡tapera!. .. ¡borfan- 

{dá !. . . 

/Desengaño!. . . ¡soledá!. . . 
al recordar me rodea. 

Con los golpes aprendí 
tantas cosas que ignoraba, 
que hoy ya no tiro la taba 
si no es cargada por mí; 
también más he soportao; 
y ese andar de lao a lao 
sin familia y sin querencia, 
llorando del bien la ausencia, 
¡mucho. . . mucho me ha en - 
{ señao! 


t 

Y hoy hablo a los orientales, 
y también al Presidente, 
que se trate sabiamente 
de suprimir tantos males 
y tuitos seamos iguales 
sin reparar la color, 
pa que unidos al reedor 
de este pabellón glorioso , 
alumbre eterno reposo 
su puro y brillante sol. 

Te hundes suelo querido 
en un cañadón sin fondo , 
esto lo dice un redondo 
que nunca letrao ha sido; 
no es juerza ser escrebido 
para conocer el mal, 
y veo Patria oriental 
que siguiendo en tales rumbos , 
como mamao, dando tumbos 
vas por un calcagüesal. 

No hay más remedio a tu pena, 
no hay más corte a tus tormentos; 
no hay ataje a tus lamentos 
si hoy no rompes tu cadena; 
pues te tienen como ajena 
los hombres sin corazón, 
que su sola aspiración 
es pegarse donde hay plata, 
y te arrastran por la pata 
a tu ruina y destrusión. 

Yo soy un triste paisano 
que en léises soy gallo ciego, 
pero a naide me le allego 
pa que me tienda la mano; 


272 




guicias a Dios soy liviano 
y guapo pa trabajar, 
valor no me ha de faltar 
por los güesos de mi agüela, 
nunca seré sanguijuela 
que el oro me haga pegar. 

Nunca almita se lo imploro 
Don Ellaura el Presidente, 
que lo rodée esa gente 
para chuparle el tesoro; 
le han de cobrar las raciones 
para gente nunca vista .. . 
pero jamás verá en lista 
que por hambre, hay resersiones !!/ 

Haga gauchada matrera 
diéndose al toque de diana 
a la lista de mañana 
a un batallón cualesquiera, 
y verá en la madriguera, 
de los nombres del apunte 
que le han dao pa que les unte, 
ni con la mitá se encuentra . . . 
el resto en la caja dentra 
del capataz del rejunte. 

Ni con su hermano se case 
en cuestiones de servicio; 
pongalé freno al desquicio 
pa que naide se propase; 
y nunca deje que pase 
asunto sin revisar; 
tuito lo debe mirar 
con doble vidrio en los ojos, 
sino, tal vez que los piojos 
por güeyes le hagan pasar. 

Enséñele y con aliño 
al jefe más copetudo, 
que con la ley nunca pudo 
ni la hermandá, ni el cariño; 
tome ejemplo en. . . cierto ni- 
{ño. ,. 

que con sueldos y raciones, 


aforró bien los riñones, 

Heno la panza y bolsicos, 
mientras tanto sus milicos 
diñaban de privasiones . 

Con albertencía y con maña 
escuelas mande poner, 
pa que puedan aprender 
¡Oj gauchos de la campaña; 
porque es disgracia tamaña 
en tiempo tan alentao, 
ver tanto criollo negao, 
más duros que las murallas , 
que sólo marcan sus rayas 
con la hoja del embenao. 

Con los pobres no sea duro 
cuando le falten razones, 
ni largue contribuciones 
que causan más de un apuro; 
si usté lo hace, yo le juro 
en nombre de la gauchada , 
que no ha de faltarle nada 
para que viva tranquilo, 
y siempre hallará un asilo 
en medio a la paisanada. 

Atráquele a los pulperos 
una multa cada mez, 
y descuelgúese con diez 
a los carros bolicheros, 
que son los más pijoteros 
y amigos de mogollar, 
nunca nos quieren fiar 
y a cual d’ellos es más laucha. 
¡Hay que pelarles la chaucha! 
pa que apriendan a tratar. 

El pingo de la nación 
llévelo siempre tranquiando, 
sólo vayalé aflojando 
en busca de la ocasión; 
no suelte de sopetón 
puede cortarse la rienda, 



273 






y al ñudo es que usté se prienda 
si a un tucutucu se encaja, 
tal vez el mate le reja, 
ande ni diantre lo atienda. 

"Estando la vaca atada 
el ternero no se va”; 
lo mesmo usté puede acá 
evitar cualquier pueblada, 
sino le pierde pisada 
al que engreído por su rango, 
siempre busca en el fandango 
pa calsar, cualesquier medio, 


pero es fácil el remedio 
teniendo el sartén po el mango. 

Aunque se li baga aparcero 
mil alforsas en el cejo, 
oiga paciente el consejo 
que quiere darle un matrero: 

"Nunca se apegue al dinero 
del páis, y pa no pecar, 
hágalo siempre tapar 
de modo que no se vea, 
y el pueblo oriental no crea 
que usté es capaz de uñatiar 


José Hernández 

Carta del gaucho Martín Fierro 

Caria que el gaucho* Martín Fierro dirige a su amigo Don Juan 
Manuel Blanes con motivo de su cuadro Los Treinta 7 Tres. 

Buenos Aires, agosto 20 de 1878. 


Amigo Don Juan Manuel, 

Que se halle, me alegraré, 
Sano del copete al pie. 

Y perdone si en su carta 
Algún disparate ensarta 
Este servidor de usté. 

Una suya recebí 
Punteada con todo esmero, 

Y al verlo tan cariñero 
Dije para mí, a este Blanes, 
No hay Oriental que le gane 
Como amigo verdadero. 

Y aunque me diga atrevido 
O que a la luna le ladro, 

Como ese bicho taladro 
Que no sabe estarse quieto 
En todas partes me meto 

Y me metí a ver su cuadro. 

Por supuesto, los diez pesos 
Los largué como el mejor, 

Yo no soy regatiador, 

Y ya dentré a ver después 
Los famosos 'Treinta y tres”.. 
¡Ah! cuadro que dá calor!! 

Me quedé medio azorao 
Al ver esa comitiva — 

Lo miré de abajo arriba 
Pero, ¡que el diablo me lleve!, 


Si parece que se mueve 
Lo mesmo que cosa viva. 

Encima le han colocao 
Un sol que valdrá un tesoro 
Lo habrán puesto, no lo inoro 
Como en el naipe español; 

Pues habrán dicho esos toros 
"A todos alumbra el sol”. 

Y esa gente tan dispuesta 
Que su pais va a libertar, 

No se le puede mirar 
Sin cobrarles afición. . . 

¡Si hasta quisiera el mirón 
Poderlos acompañar! 

Para mi, más conocida 
Es la gente subalterna; 

Mas se ve que quien gobierna 
O lleva la dirección, 

Es un viejo petizón 

Que está allí abierto de piernas. 

Tira el sombrero y el poncho 

Y levanta su bandera 

Como diciendo "Ande quiera 
"Que fíame se ha de triunfar”; 
"Vengo resuelto a peliar 
"Y que me siga quien quiera 

Le está saliendo a los ojos 
El fuego que el pecho encierra — 


274 


Y señalando a la tierra 
Parece que va a decir: 

"Hay que triunfar o morir, 

"Muchachos, en esta guerra”. 

Y animando aquella gente 
Que a lidiar se precipita, 
Mientras se mueve y se agita 
Con la proclama del viejo, 

Hay uno que dende lejos 

Le muestra una crucesita. 

Cerca de él, hay otro criollo 
De poncho y de bota fina — 

Se ve que en la tremolina 
Hará aujero si atropella, 

Ha agarrao la garabina 
Como pa darles con ella. 

Al lao, el de camiseta, 

Ya deja ve.r que es soldao; 

Está muy arremangao 
Como hombre resuelto a todo, 
Se le conoce en el modo 
Que ha sido algún desalmao . 

Hay otro de pantalón, 

Tirador bordao de seda; 

Que le resista quien pueda 
Cuando llegue a gritar ¡truco! 
Ha echao al hombro el trabuco 

Y se ha metido en la rueda. 

De pantalón va también 
Otro de sombrero al lao; 

Es resuelto y animao 
Pero de un modo distinto: 
Tiene el narangero al cinto 

Y parece más confiao. 

Hay otro viejo gritando: 

"¡A mi naides me aventaja!— 
"¡En cuanto suene la caja 
"He de responder al grito !”— 
Tiene en la mano un corvito 
Que ha de estar como navaja. 

Ese que está arrodillao 
No me deja de gustar, 

Uno puede asigurar 
Que vá a decir —cuanto hable — 
"Todos tienen que jurar 
"Sobre la hoja de este sable”. 
Que ha de haber sido algún 
{bravo. 

En el ademán se alvierte; 

Y para estar de esa suerte, 
Dije yo, lo han elegido 

O por ser más decidido 
O por tener bota juerte. 

Me gusta el de casaquín, 

Se le nota el movimiento 
Como que en ese momento 
Tira su sombrero arriba, 


A tiempo que pega un ¡viva! 
Medio loco de contento. 

Pero entre tanto valiente 
Dende lejos se divisa 
El que en mangas de camisa 
Se hace notar el primero— 

Un gaucho más verdadero 
No he visto, ni en los de 
{Ur quiza. 

Espuela y botas de potro, 

Todo está como nacido; 

Es patriota decidido, 

Se vé que resuelto está; 

Para mejor, le ha salido 
Medio escaso el chiripá. 

En el amor y en la guerra — 
En todo habrá sido igual; 
Tiene, en trance tan formal, 
El enemigo en contorno; 

Pero no olvidó el adorno 
De cola de pavo-rial. 

Le adivina la intención 
Todito aquel que lo vea; 

Para dentrar en pelea 
Revela hallarse dispuesto, 

Y de fantástico ha puesto 
De dragona la manea. 

Lleva su ropa y sus armas 
Como quien las sabe usar; 

Con gracia sabe arreglar, 

Su trabuco en la cintura; 
Muestra ser por la figura 
Sin asco para matar. 

Y además de algunos otros, 
Me ha llamado la atención 
Uno que está en un rincón 
Como quien no dice nada, 

Se ha lar gao a la patriada , 
Descalzo y de pantalón. 

Y yo, para mí decía, 

Estos hacen lo que deben; 

Y varones que se atreven 
Con voluntá decidida 

A jugar ansí la vida, 

Talvez ni cigarros lleven. 

Van a libertar su país. 
Peliando con valentía; 

Quizá ni ropa tendrían, 

Pero nada los sujeta; 

Hasta las mesmas maletas 
Están, ay, medio vacías. 

La garabina y el sable 
Que están tirados allí * 

Pensé yo al verlos así — 

O alguno se ha hecho avestruz 
O son de aquel de la cruz, 
Que los ha dejao aquí. 


275 



A la distancia se llevan 
El bote los marineros, 

Los mismos que los trujieron 
Se retiran apuraos 
Ya se ve, que les hicieron 
La compañía del horcao. 

Parece que van diciendo: 

" Ai quedan sin esperanza, 

” Y vámonos sin tardanza, 

"Si viene juerza enemiga, 

"Tal vez ninguno consiga 
"Escapar de la matanza 

Yo los hubiera agarrao 
A los que el bote se llevan; 
Justo es que a todo se atreva 
El hombre que hace la guerra; 


Cuanto pisaron en tierra 
Debió principiar la leva. 

No meto en esto copiada 
A todos, pa no cansarlo — 
Pero debo confesarlo, 
Amigo, y se lo confieso, 
Yo le saqué los diez pesos 
Al cuadro, tanto mirarlo. 

Cuente si son treinta y tres, 
Si en mi cálculo no yerro; 
Con ésta mi carta cierro, 
Amigo, me planto aquí — 
Ni Cristo pasó de allí 
Ni tampoco 

Martín Fierro. 




Bartolomé Hidalgo, Manuel Araúcho, Hilario 
Ascasubi, Antonio Lussich, José Hernández, son, 
de lili a 1872 , los creadores de una original 
poesía política donde se cuenta el surgimiento 
y las vicisitudes de una clase social, su obra 
revolucionaria y su implacable sometimiento. 

Al mismo tiempo los autores de la más inventiva 
y artística literatura de su tiempo. 


ENCICLOPEDIA 



U R UGUAYA 


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en el Art. 79 de la ley N 4 ? 13.349. (Comisión del Papel). 
Julio de 1968.